Quizá sea algo vano lo que voy a relatar, pero es la historia de una vida, con la que pretendo hacer un homeje a quien ha sido antes que nada mi amigo fiel, mi apoyo incondicional, mi familia, mi motivo de alegrías (y de algunas pequeñas tristezas), alguien único y especial, que me regaló Dios y con quien compartí mucho de mi vida, una persona irremplazable en muchos aspectos…..
Sin afanes de conocerse ni de tratarse, dos seres, por cosas de la vida se conocieron… cada uno con su vida transcurriendo, quizá felices, quizá vacios, pero ahí estaban coincidiendo en espacio y lugar.
Él: un joven de 17 años, con muchas cualidades algunas de ellas saltaban a la vista, atento, educado, caballero, inteligente, sencillo, honesto, tranquilo.
Ella: una joven de 17 años, inquieta, soñadora, indecisa, con un vacío pero feliz, y como alguna vez la describió él, muy preocupada por el bienestar de los demás.
Les bastó un pequeño cruce de palabras para empezar a descubrirse y despertar la necesidad de seguir haciéndolo, una amiga en común fue el ingrediente perfecto.
Aunque no lo han reconocido, fue el momento perfecto para conocerse, era una dulce mañana de septiembre, las clases estaban por iniciar tan solo unas cuantas palabras desató esta historia. El primer semestre iniciaba, dos aulas juntas y un mismo horario de clases, Él con la pintura y Ella con la fotografía, ambos se reconocieron, a Él le parecía que el trabajo q Ella hacía era bueno y le pidió uno de sus cuadros para pintar, pues al final de la tarea la pintura resultó mucho mejor que la fotografía. A Ella, le gustaban las pinturas, hasta le pidió que le regalara uno, Él con mucho placer, al regresar de las fiestas navideñas le entregó el anhelado cuadro, al fin unos cuantos minutos para hablar a solas, las miradas al fin no tuvieron intermediarios, descubrió Él lo que ella le despertaba.
El final del primer semestre llegó y con este las vacaciones, antes de marcharse aquel joven decidió revelar lo que sentía, ella aturdida no atinó a responder inmediatamente, tan solo escribió una carta, quizá por la indecisión o simplemente porque aún no llegaba el momento la respuesta no fue la que esperaban. Sin embargo había una palabra que retumba en su cabeza, pues nunca había escuchado una manifestación de cariño como esa: “Princesa”.
Un 17 de mayo, el lo volvió a intentar, esta vez la respuesta fue diferente, pero duraría muy poco, tan solo unos días.
El segundo semestre, también terminó. Una amistad crecía y el pasar de los días la fortalecía, ahora ya no hablan de los sentimientos, es la familia, los amigos, las materias, los profesores, los compañeros, las tareas, sus sueños, sus esperanzas eran su tema de conversación.
Una salida, los amigos en común y la oportunidad de volver a empezar, esta vez si sería la que marcó el inició de otra historia, que entre la sombra de un árbol, la cafetería, las salidas con los amigos y el portón de una casa crecía, dos niños aún, sin mayor preocupación que sus estudios, se mostraron espontáneamente, como todo inicio, este fue difícil, pero por lo mismo muy bien recompensado. El cariño era cada vez más fuerte, aunque hubo muchas separaciones, cada regreso mejoraba esta relación. Dos personas que crecían en conocimientos, en personalidad, en responsabilidad, pero sobre todo en amistad, dos “mejores amigos” enamorados el uno del otro.
Ya para este momento habían transcurrido al menos cuatro años, cada uno con sus cosas, dejaron de prestarle atención a lo que tanto esfuerzo les costó construir, el fin de la relación de enamorados terminó y con este el dolor y la angustia, ambos alcanzaban metas, se convertían en profesionales y deseaban que sea el otro el primero en saberlo y compartirlo.
Tres años más tarde, decidieron rescatar aquel amor que nunca se fue, que permaneció guardado en sus corazones, en esta ocasión ya no tan inmaduros como antes, le pusieron todo su esfuerzo, quizá no fue el suficiente, pero lo hicieron, tener una relación con alguien que no está presente es difícil, pero lograron mantenerla por tres años más, muchas cosas vivieron, que me gustaría relatar, pero eso es parte de otra historia.
Hoy solo les queda el recuerdo de toda una vida, 10 años de compartir penas y alegrías, buenos y malos momentos, tristezas y triunfos, todo fue más fácil porque estaban juntos, crecieron, se fortalecieron pero juntos. Hoy aún queda una promesa “una cadena perpetua de amistad” un compromiso hecho y firmado y un deseo eterno de felicidad.

